Abdón y la primera casa giratoria del mundo

Había venido de Siria a Argentina sin hablar español y sin saber que, un día, su nombre y su obra aparecerían en diez idiomas en los diarios de cinco continentes. El inmigrante sirio era trabajador y en esa Argentina pujante se hizo rico con el negocio textil. Había estudiado hasta segundo grado de la escuela primaria, pero su pasión era la ingeniería.

Él había tenido otros proyectos extraños, como la construcción de una réplica de la Torre Eiffel, casi de la misma altura, a levantarse en la Plaza San Martín, frente a la Catedral.

Cuando pensó y diseñó una casa giratoria, unos ingenieros de carrera le dijeron que estaba loco. Cuando cuatro años después -en 1951- la tuvo construida y la vieron girar, mientras los diarios la describían como la primera casa giratoria del mundo, se quedaron mudos.

Es que Don Abdón Sahade podía estar tomando el café en su nuevo living a la mañana, mirando a las sierras al oeste y una hora después contemplar el verde bosque que rodeaba al Jardín Zoológico hacia el sur. Y en unos minutos más almorzar mirando el río Suquía. Y todo eso sin moverse de su asiento.

Lo que más maravillaba a arquitectos y diseñadores de todo el planeta era que mientras la vivienda giraba seguían funcionando la corriente eléctrica, el suministro de agua, de gas y los demás servicios. La vuelta completa llevaba 55 minutos a una velocidad que permitiera seguir una vida normal a quienes la habitaban.

La casa estaba en una esquina cercana al Parque Sarmiento, en Paraná y San Lorenzo, desde donde la vista era privilegiada. Con pileta y jardín, fue una gran atracción por años y venían desde programas de televisión, como Sábados Circulares, de Nicolás “Pipo” Mancera de Buenos Aires y hasta del exterior a hacer notas sobre la ingeniosa construcción.

Pero cuando el tiempo pasó, la casa giratoria fue rodeada por edificios nuevos y el sol dejó de llegar a sus ventanas. El motivo mismo de su creación, el aprovechamiento máximo de la luz solar, desapareció. Y las vistas panorámicas también. Así fue que en 2001 se vendió el terreno para construir la hoy elegante Torre Elyseé.

Se la quiso demoler pero un decidido grupo de vecinos logró impedirlo. Entonces, fueron muchos los cordobeses que, por primera vez, vieron pasar una casa por la calle. Sí. Se trasladó la propiedad completa, de 160 toneladas de peso, en un enorme camión de 128 ruedas, hasta el Museo de la Industria en barrio General Paz, mientras 60.000 curiosos miraban circular a la extraña vivienda, descendiendo por la Avenida Chacabuco como si fuera un colectivo más, que baja lleno, a paso lento, desde Plaza España, buscando doblar en Ambrosio Olmos buscando el eterno río.

Desde entonces está en ese museo y se puede visitar. Sus extraños mecanismos de rotación funcionan como el primer día. Ese día en que Don Sahade demostró que para cumplir con su sueño solo necesitaba tener voluntad y determinación. Y ser alguien que, a diferencia de su increíble casa, no se anduviera con vueltas.

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