El suicidio del chef real

François Vatel fue considerado por muchos como el mejor cocinero de su época, durante el reinado de Luis XIV, y desde muy joven supo que su pasión eran los hornos.
 
El joven decidió, a sus 15 años, volcarse de lleno a la cocina y no continuar con los pasos de su padre que era un techador.
 
Tuvo su primer gran cargo cuando el ministro de Economía del Rey, Nicolás Fouquet, lo nombró «maestro de ceremonias» y tuvo como primer gran evento la inauguración del palacio de Vaux-le-Viconte, en donde iba a estar nada menos que el ocupante del trono.
 
La fiesta no tuvo nada de austera: se llevó a cabo una obra de teatro representada por 84 violines, y se entregaron diamantes y caballos como recompensa a los juegos en los que participaban los nobles.
 
Todo esto no le terminó de gustar al Rey, que vio el evento como una afrenta personal por parte del noble por osar ponerse a su misma altura. Y fue por esto que al poco tiempo lo mandó a encarcelar.
 
Tras esto, el protagonista de nuestra historia huyó a Inglaterra, donde conoció a un amigo de Fouquet, llamado Luis II de Borbón-Condé, y quien lo contrata en su castillo de Chantilly.
 
Debido a que Luis II no pasaba por un buen momento económico, veía en Luis XIV a su única esperanza de salvarse de sus problemas financieros.
 
Por eso decide reinaugurar el castillo con una fastuosa fiesta que duraría 3 días y 3 noches, con un precio exorbitante de entrada.
 
Es aquí cuando vuelve a entrar en juego Vatel.
 
La fiesta exigía un menú amplísimo y con recetas nada fáciles para la época. Pero eso no era todo. Los espectáculos teatrales, los juegos de luces y los fuegos artificiales también tenían que estar a la orden del día.
 
Si bien no era una tarea sencilla para un solo hombre, François asumió el reto.
 
El encargado de la organización de tamaña celebración sabía que con un buen evento su patrón podría redimirse ante el monarca y, en el mejor de los casos, podría tener a su cargo al ejército en la guerra contra Holanda de aquel entonces.
 
Finalmente, llegó el gran día. Luis XIV llegó al castillo de Chantilly, y comenzaron los problemas.
 
Hubo dos mesas que no pudieron disfrutar del asado, y los fuegos artificiales no funcionaron.
 
Todo esto afectó mucho a Vatel, ya que consideró que era una vergüenza y una deshonra el haber fallado en estos detalles ante el Rey.
 
Tras esto, el Príncipe Luis II se puso a jugar a las cartas con el monarca, y las apuestas se pusieron un poco extremas. A tal punto, que los servicios de Vatel pasaron a manos del Rey de Francia.
 
Al otro día, bien de madrugada, el cocinero comenzó su jornada laboral. Pero al ver que la cantidad de pescado que llegó al castillo era insuficiente, sabía que tenía las horas contadas.
 
Definitivamente, no quería soportar otra humillación ante el Rey y menos someterse al estrés que implicaba meterse en la cocina de Versalles.
 
Como si fuera poco, algunos rumores lo asociaron a Anne de Montausier, la favorita de Luis XIV, que estaba en la fiesta. Y él no podía competir contra ello.
 
Fue así que el cocinero subió a su habitación, apoyó su espada contra la puerta y se la clavó en el corazón.
 
Fue así que se iba la vida de una persona con una enorme habilidad culinaria y a la cual se le atribuye, entre sus logros, la creación de la famosa crema Chantilly.

por Lucas Boltrino

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