“Inventing Anna”: la falsa heredera que hoy escala la audiencia en Netflix

Sorokin, que se hacía llamar Anna Delvey, se codeaba con celebrities de los medios, el jet set y el arte de Manhattan, lo que vuelve más atractivo al producto audiovisual: además del desparpajo y cinismo sofisticado del que se valía la estafadora, su historia atrapa por el magnetismo de esta mujer delirante, audaz, manipuladora y cautivante. Y la trama descubierta a partir de la periodista Vivian Kent, quien la convenció de convertirla en celebrity durante el juicio. Todo con rascacielos, mansiones opulentas, comilonas gourmet, yates y decenas de ciudades como telón de fondo.

Convicción

En “Inventing Anna” se la muestra siempre convencida de que no era culpable. Durante el juicio en contrató a una estilista para que la lookeara con el fin de ofrecer a diario ingresos triunfales en los tribunales, para delirio de sus fans y desaprobación de la jueza. Junto a su asesora de imagen abrió un Instagram para publicitar el juicio más glamoroso de la historia. Otro punto sobre el que reflexiona la serie es el poder de las redes y los seguidores, que construyen influencers erigidos sobre el parecer como condición suficiente para existir.

Delvey, quien juró siempre que ese era el apellido de soltera de su madre aunque sus padres lo negaran, llegó a Nueva York en 2016 sin estudios, amigos, ni dinero. Su único antecedente concreto era una pasantía en la revista Purple en París. Su contacto con el director de la revista, Oliver Zahm, le sirvió como trampolín para zambullirse en ese ambiente idealizado, amparándose en ser hija de un empresario alemán. Pero Sorokin en rigor había nacido en Rusia, su padre era camionero y su madre ama de casa.

Condena

A Delvey se la condenó a 12 años de cárcel de los que cumplió cuatro, por estafar en unos 200.000 dólares a distintos hoteles en los que se hospedó, una empresa de aviones privados y otros gustitos caros en los que incurrió. Amante del arte, su proyecto más ambicioso radicó en conseguir que un fondo de inversión le otorgara 25 millones de dólares para montar una suerte de Soho House del arte, con sedes en Hong Kong, Los Ángeles, Dubái y Manhattan. Y casi lo consigue.

Sorokin engañó además a mujeres jóvenes admiradas con su estilo de vida, como la recepcionista del hotel 11 Howard o Rachel Williams, quien la acompañó a Marruecos y terminó pagando los costosos gastos de un raid de luxe.

Tras cumplir el total de su condena por estafa en 2021, Sorokin volvió a ser arrestada por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), acusada de haber permanecido en Estados Unidos más tiempo del autorizado por su visa. Allí recibió al New York Times para hablar de sus proyectos: lectura y preparación de la defensa legal para impedir su deportación. Además quiere producir un documental y un podcast con su versión de los hechos. “No estoy intentando animar a la gente a cometer delitos, solo quiero arrojar luz sobre cómo hice lo mejor que pude con mi situación sin tratar de glorificarla”, dijo. Y lamentó que no existieran programas de reinserción social para estafadoras: “Los hay vinculados a las, la agresión sexual, presos violentos, pero no para delitos financieros”.

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