Nicola Constantino se transformó ella misma en un objeto de arte

“¿Qué implica ser artista?”, se cuestionó entonces Costantino. Y advirtió: “En el Barroco las flores recordaban la fugacidad de la belleza y la vida. Yo estoy acercándome a los 60 años. Necesito producir belleza, algo que reconforta, que cura. Además, creo que el arte no puede ser inalcanzable. Los artistas tenemos que acercarlo a la gente para que pueda poseerlo, comprarlo. Es la manera de ser libres y brindar la felicidad”. Con la determinación de poner en práctica sus ideas, vendió personalmente las flores por 50 dólares cada unidad y por algunos centenares los ramilletes. Así liquidó parte de la colección realizada en cerámica con la sofisticada técnica japonesa Nerikomi. Si bien las flores son las estrellas de la exposición uruguaya, desde las que recuerdan el arte flamenco hasta las que traen a la memoria el erotismo de los gigantescos ejemplares de Georgia O’Keeffe, en la galería, Costantino acentúa la vocación femenina al presentar la formidable vajilla, emprendimiento con el cual recupera el uso de la técnica ancestral japonesa.

Un abismo separa a nuestra artista de los batallones que hoy revuelven los arcones de la historia del arte en busca de sus citas. “Nicola resignifica y se apropia de las obras y también de sus técnicas de reproducción. Con estas herramientas presenta la complejidad y trayectoria de la fotografía”, informan en el Este. Costantino observa que las versiones de imágenes icónicas resueltas con la técnica del gobelino, o del colodión húmedo, un procedimiento llamado así porque las placas de vidrio deben permanecer húmedas durante el procedimiento de toma y revelado, son maneras de continuar un legado. Y, obviamente, de brindarle a las obras cualidades insospechadas, producto del cruce del presente con el pasado. El colodión es el secreto de la misteriosa interpretación de la vieja actriz Gloria Swanson retratada por Edward Steichen con el rostro cubierto de encaje.

Costantino, dueña de una versatilidad que le permite interpretar diversos prototipos psicológicos, recrea unas pinturas del “Jardín de las delicias” de Hieronymus Bosch, los ensueños del precursor del surrealismo aparecen bordados en un tapiz. Entretanto, el profesionalismo y la perfección técnica de Valansi se conjuga con las cualidades de Costantino, de tal modo que las obras poseen un impecable nivel de calidad. “Me interesa la foto como soporte, pero mucho más me importa la cuestión performática, la actuación, la construcción de la escena, el vestuario”. La artista se deja penetrar por identidades y situaciones que le son ajenas y el espectador sensible percibe la difícil rivalidad que, con su fuerte personalidad, establece con los personajes que interpreta. Es decir, aunque se entrega a la pose y se mimetiza plenamente, Costantino nunca desaparece de la escena. Esta manera tan especial de estar presente en la piel de los demás, tiene estrecha relación con su fotogenia, ya que las fotos la favorecen, destacan la aptitud especial de su rostro de rasgos marcados y de inmediato reconocibles, con sus ojos enormes. Pero además de la cuestión corporal, existe un respeto porpor ella misma y, a la vez, por los atributos del otro.

Por otra parte, sobre el proceso creativo, aclara: “Mi interés estético nunca estuvo en la pintura ni en el dibujo, pero esta técnica japonesa consiste en amasar la arcilla con pigmentos y armar grandes bloques planificando el diseño. Después se corta en láminas y aparece el mismo motivo. Durante la cuarentena investigué técnicas como el soplado de vidrio. También experimenté llevar al gobelino mis imágenes, tejidas con hilos de colores. Me faltaba la cerámica, que acompaña al hombre desde el primer día de su existencia. Me parece muy significativo haber llegado hasta aquí. Siempre trabajé con químicos, plásticos, resinas, poliéster y siliconas, que me fueron llevando a buscar materiales más orgánicos y naturales, no contaminantes”.

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